Niegan ser asiáticos para ingresar a universidades norteamericanas


Lanya Olmstead nació en Florida (E.U.) de madre taiwanesa y padre estadounidense de ancestros noruegos. Étnicamente se considera medio taiwanesa y medio noruega, pero cuando solicitó ingresar a Harvard, sólo palomeó un cuadro para su raza: blanca.

“No quise poner ‘asiática”’, recordó Olmstead, “porque mi mamá me dijo que hay discriminación contra los asiáticos en el proceso de solicitudes”.

Durante años, muchos estadounidenses de ascendencia asiática han estado convencidos de que les es más difícil ingresar a las mejores universidades del país.

Algunos estudios muestran que los estadounidenses de origen asiático cumplen los estándares de admisión de estas universidades en una proporción muy superior al 6% que representan en la población de Estados Unidos, y que con frecuencia se les exige un desempeño en los exámenes de admisión cientos de puntos por encima del de los solicitantes de otros grupos étnicos con el fin de que éstos también tengan oportunidades de ingresar.

Los críticos dicen que esas cifras, junto con el hecho de que algunas de las mejores universidades con exámenes de admisión que no toman en cuenta la raza tienen el doble de porcentaje de alumnos asiáticos, demuestran que hay discriminación.

La forma en que esto opera, creen los críticos, es que los estadounidenses de origen asiático no son evaluados en forma individual, sino que se les agrupa con los miles de asiáticos de desempeño extraordinario que han sido estereotipados como aburridos robots académicos.

Ahora, un número desconocido de estudiantes está respondiendo a esta preocupación negándose a identificarse como asiáticos en sus solicitudes.

Para los que sólo tienen un padre asiático y sus nombres no revelan su ascendencia, esa decisión puede ser relativamente fácil. Es más difícil responder las preguntas que ello hace surgir: ¿Qué hay detrás de las dificultades de admisión? ¿Qué, exactamente, es un estadounidense de ascendencia asiática? ¿El ser uno de ellos es cuestión de opción?

Olmstead está en su primer año en Harvard y es miembro de la HAPA, siglas en inglés de la Asociación de Personas Medio-Asiáticas. En secundaria tuvo un promedio de calificaciones (GPA, por sus siglas en inglés) perfecto, de 4,0, y registró 2.150 de 2.400 puntos posibles en el examen de aptitud escolar (SAT, por sus siglas en inglés), puntuación que ella considera “bastante baja”.

Las solicitudes para ingresar a la universidad piden información sobre los padres, así que Olmstead sabe que de esa forma las autoridades de admisión podrían dilucidar los antecedentes de un estudiante. Sí escribió la palabra “multirracial” en su propia solicitud.

De todas formas, le recomendaría a los estudiantes que tienen un padre de origen asiático que palomeen “cualquier otra raza que no sea la asiática”.

“No se trata de generalizar, pero muchos asiáticos tienen SATs perfectos, GPAs perfectos … así que es difícil permitir que ingresen todos”, afirmó Olmstead.

Amalia Halikias está en su primer año en Yale y su madre nació en Estados Unidos de inmigrantes chinos; su padre es un inmigrante griego. Ella también palomeó solamente el recuadro de raza “blanca” en su solicitud de ingreso.

“Como alguien que estaba presentando mi solicitud con calificaciones relativamente sólidas, no quería ser agrupada en ese estereotipo”, dijo Halikias. “No quería ser descartada como uno de los 1.400 millones de asiáticos que estaban presentando su solicitud”.

Su madre se mostró “extremadamente alentadora” de esa decisión, dijo Halikias, aunque le da un gran valor a la preservación de su herencia china.

“(El término) estadounidense de ascendencia asiática es más una escala o un rasero que una combinación discreta. Creo que es una elección”, dijo Halikias.

Pero dejar en blanco el recuadro que decía “asiático” le pareció mal a Jodi Balfe, una estudiante de primer año en Harvard que nació en Corea y llegó a Estados Unidos a los tres años con su madre coreana y su padre estadounidense blanco. Palomeó el recuadro en contra de los consejos de su asesor de secundaria, profesores y amigos.

“Me sentí muy incómoda con la idea de intentar ocultar la mitad de mis antecedentes étnicos”, dijo Balfe. “Ha sido una influencia muy importante en la forma en que me he desarrollado como persona. Me sentía como si estuviera vendiendo gran parte de mi alma”.

“Pensé que el ingreso no valdría la pena. Sería como si sólo aceptaran la mitad de mí”, agregó.

Sin embargo, otros estudiantes no sienten ningún conflicto entre tener una firme identidad asiática y su respuesta a lo que creen es una injusticia.

“Si sabes que te van a discriminar, es absolutamente justificable no palomear el recuadro ‘asiático”’, afirma Halikias.

Fuente: AP/SDPN

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